Cuando descubrí que los lavarropas pueden volar.
Una mañana de inviernos, de esas frías y secas que parece que se te cortan los dedos, corría a mi trabajo, no hacia mucho que vivía en córdoba y aun me sorprendían esas cosas que según muchos eran momentos de lo cotidiano y monótono, de repente algo paro mi corrida; era un ruido, como un trueno sobre mi, casi por instinto levante la cabeza y lo vi, un inmenso aparato blanco sostenido en el aire, quede estática sin respiro mis ojos fijos inmóviles, no creían lo que veían.
Unos minutos después, todo era como si no hubiera pasado nada, ya no estaba mas, solo una estela de nubes estiradas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario