El viejo roto
Caminaba por la cañada , por esa parte verde y caramelo de la ciudad, me detuve por una imagen en mi cabeza ; era un viejo roto en el alma arriba de un colchón de dos plaza y una escoba; navegando por el río, mire rápidamente y ahí estaba justo al caer el sol.
Seguí caminando y me preguntaba donde iría? y como el colchón no se no hundía?...
Seguí , llegue a la parada del A7 , subí y casi no había gente ; los domingo son para pasear , eso decía mi abuela y ese día le había hecho caso, sentada en la butaca doble de la fila izquierda al lado de la ventanilla.
Miraba a la masa vestida de colores con aire de turista llenas de bolsas blancas, me recordaban al viejo con cara de nada navegando por la cañada y luego pensé en mí y mire el pálido reflejo de mi rostro en el vidrio y me quede ahí en la eternidad de los ojos que veía que ya no parecían míos.
Sí, ya era el tiempo ¡! Había que bajar ¡! Yo ya no estaba allí.
¿Pero donde estaba? ¿Cuándo paso que yo no era yo? Y ahora era parte de todo.
Eso que veía no era yo, sentí necesidad de un espejo, pero sabía que tampoco me iba a encontrar.
Ese colectivo nunca paro, a pesar que yo ya había llegado a mi casa.

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