Perro flaco
Eran las dos de la tarde, momento del almuerzo, Salí del edificio rojo casi huyendo de mi opresor, me senté en un banco blanco de una plaza a unas cuadras de mi cautivo por temor de no llegar justo cuando el reloj marcara las tres.
Sentada junto a un perro negro y flaco, que me miraba como quien mira a la nada, me di cuenta lo lejos que estaba de el; acerque mi mano para tocarlo pero no llegue a mi fin; no quise hacerlo y lo ignore mientras comía una manzana.
Desvíe la mirada hacia el cielo y baje por los edificios hasta llegar al triste perro que ahora si me veía y como un asalto llego un pensamiento; “cuando no estoy, es cuando mas me ven”; y esto contesto a otro pensamiento, ya casi olvidado; “entre menos busco mi destino, mas lo tengo” quizás no debo prestar atención a lo que quiero, solo sentir y así llega, ese perro me lo dijo.
Busque nuevamente con la mirada al perro flaco y ya no estaba. La alarma sonó, ya eran las tres.

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